10 mayo 2013

Lanzarote. Entre viñedos y volcanes. Abril, 2013

Aunque la idea inicial nos situaba en Polonia, en la zona de Cracovia, finalmente nos decidimos por una zona que también estaba en nuestra lista de espera desde hace tiempo. Además sería nuestro primer viaje a las Islas Canarias.


Itinerario


Día 1. Miércoles, 17
Sevilla - Tenerife - Lanzarote
Día 2. Jueves, 18
Arrecife - La Geria - playas del sur - playa del Golfo - Yaiza - Jameos del agua
Día 3. Viernes, 19
Parque nacional de Timanfaya - caleta de Famara - Fundación César Manrique
Día 4. Sábado, 20
Volcán Corona - Haría - Teguise - Mirador del Río - Orzola - Punta Mujeres
Día 5. Domingo, 21
Lanzarote - Tenerife (La Laguna) - Sevilla



Transportes

Es imprescindible un coche para moverse libremente por la isla. Afortunadamente los coches de alquiler son realmente baratos. Después de comparar los precios nosotros nos decidimos por Autos Reisen. La gestión para recogerlo fue muy rápida y no tuvimos ningún problema. Un C3 para 4 días nos costó 70 €.



Presupuesto

concepto importe
Avión (Sevilla-Tenerife: Vueling, 200 €. Tenerife-Lanzarote: BinterCanarias,115 €)
630 €
Alojamiento. 4 noches en Casa Rural "Vista Risco", Ye
510 €
Alquiler coche (4 días. Autos Reisen)
70 €
Gasolina
40 €
Comidas
300 €
Entradas
56 €
Otros
104 €
TOTAL DEL VIAJE (2 PERSONAS)
1.710 €
TOTAL POR PERSONA 855 €

Páginas web de interés

Alojamiento      
tomaren          zona centro
vista risco       zona norte 
famara            cala famara 

Generales
c. manrique     fundación césar manrique
el país              razones para enamorarse de lanzarote (artículo de El País)        
famara             cala famara (artículo de El País)



Día 1. De viaje

Salimos a las 12:30 con Vueling en un vuelo muy tranquillo de 2 horas, pero tuvimos que esperar 4 más por nuestro enlace con Bintercanarias para llegar finalmente a las 6:30 (hora canaria) a Lanzarote.
Recoger el coche de alquiler en Autoreisen fue un trámite muy rápido y enseguida salimos en dirección a Ye, a menos de 40 km en el norte de la isla, en donde estaba nuestra casa, a unos 45 minutos de cómodo viaje (la velocidad máxima, salvo en los pocos km de autovía, es de 80 km/h y hay tramos con bastantes curvas). En cuanto salimos del aeropuerto empezó a llover y cuando llegamos la niebla impedía ver más allá de unos 20 m. Nos habíamos decidido por una casa en el norte de la isla buscando tranquilidad y estar alejados de las zonas más bulliciosas y acertamos de pleno. La casa Vista Risco forma parte de un complejo de 6 casas distribuidas de forma que se mantiene la intimidad de cada una de ellas. La casa está decorada con mucho gusto y perfectamente equipada. No le falta de nada y resulta muy acogedora y confortable. Tiene un enorme y precioso porche acristalado en forma de L con unas magníficas vistas. Desde un lateral se enmarca una vista de postal del volcán Corona (eso lo supimos el segundo día porque cuando llegamos apenas se veían los cristales a causa de la niebla que cubría toda la zona y que se mantuvo a la mañana siguiente).



No hay ningún restaurante en el pueblo, Ye, y lo más cercano es Arrieta. Allí nos recomendaron El Amanecer, pero cuando llegamos, a las 8 en punto, estaban cerrando. Según nos explicaron, en la zona norte hay muy poco movimiento por la noche por lo que ellos abren de 12 a 8, eso sí, dando comidas ininterrumpidamente. La otra opción era el restaurante "La Playa". Un diligente camarero nos puso enseguida al día de los vinos y pescados de la zona. Así, ignorantes nosotros, supimos de la gran cantidad de blancos de la isla, de su gran calidad y que incluso en alguna boda de la familia real monagesca eligieron un vino de Lanzarote para el convite. Nos recomendó Belmonte o Stratus y nos decidimos por el primero. Un vino riquísimo presentado en una botella de cuidado diseño. También empezamos a familiarizarnos con los pescados de la isla: vieja, bocinegro, cabrilla, cherne... Nos decidimos por la vieja y las cabrillas, con sus correspondientes papas arrugás y su mojo picón, además de unas lapas a la plancha. La verdad es que nunca las habíamos probado y no nos resultaban apetecibles pero nuestro camarero nos convenció de la calidad de las de la isla y de la buena preparación y aunque no nos pareció un plato exquisito resultó mejor de lo esperado. Los pescados estaban muy frescos y bien preparados pero no nos parecieron especialmente sabrosos. En total, 66 €.



Día 2. Playas del sur y Jameos del Agua

Salimos con intención de visitar algunas de las playas del sur evitando hacerlo el fin de semana ya que imaginábamos que estarían más concurridas. De camino pasamos por el monumento al campesino, de César Manrique. Hay obras suyas por toda la isla, muchas de ellas adornando las rotondas, y las hay para todos los gustos, esta no nos pareció especialmente atractiva a pesar de lo muy reconocida que parece estar a juicio de lo indicada que aparece en carretera y mapas.



Con la intención de ir al mercado para comprar algo de pescado nos vamos a Arrecife. Como íbamos a pasar el día fuera habíamos pensado en dejar nuestra compra y recogerla a la vuelta pero el mercado no abría por la tarde y nos aconsejaron hacerlo en uno de los Spar que hay por toda la isla. Aprovechamos para un pequeño paseo por la ciudad que tiene un atractivo casco histórico.



De nuevo en dirección sur pasamos por la zona de La Geria. Es un paisaje muy interesante, de viñas y volcanes. Resulta muy curiosa la disposición de las viñas, la mayoría de uva Malvasía, cada una de ellas protegida por un pequeño muro de piedra casi siempre de forma circular. Algunas más antiguas están casi enterradas. Todo el suelo está cubierto con tierra volcánica (picón) que ayuda a mantener la humedad. También se pueden ver higueras y árboles frutales. En esta zona están las bodegas de los vinos más reconocidos. Visitamos la de "El Grifo" llevándonos una botella para la cena (10'50 €).


Poco después la carretera se adentra en una zona de apariencia casi desértica y pronto se adivina al fondo una zona urbanizada, Playa Blanca. Antes de llegar un desvío por una carretera de tierra nos lleva en dirección a una zona de playas conocida como Playas de Papagayo aunque solo una tiene realmente este nombre. Se trata de un parque natural por lo que hay que pagar para poder acceder con el coche (3 €). Aunque se puede llegar hasta la propia playa Papagayo (unos 4 ó 5 km) nosotros lo dejamos en la primera playa y seguimos andando por el borde del mar. Te encuentras varias calas, algunas de mayor tamaño y con más gente y otras pequeñitas, casi o totalmente solitarias. Es un bonito paseo de menos de una hora, aunque es difícil no pararse varias veces para disfrutar de las vistas o de un baño. En lo alto de playa de Papagayo hay un par de chiringuitos con bonitas vistas, aunque sobraba la música, supuestamente ambiental. A pesar de que no era un día de mucho movimiento los dos estaban llenos y eso se notaba en el servicio, por lo que en plena temporada es de suponer como será aquello.


Hicimos la vuelta por el camino interior y nos fuimos en dirección a la playa del Golfo. La carretera de acceso se va haciendo cada vez más solitaria y bonita, aunque la llegada decepciona un poco, con un gran aparcamiento y un pueblo al fondo que resulta poco atractivo. Tuvimos la mala suerte de llegar al mismo tiempo que 3 autobuses repletos de turistas, así que esperamos un ratito a que se despejará el camino de acceso al mirador de la playa. Se puede bajar desde allí aunque vimos que por el otro lado llegaba un camino y no había nadie así que decidimos rodear el acantilado y acceder por allí.



Nos equivocamos, ya que el acceso está cortado al tráfico y es literalmente imposible dejar el coche si no te vas al menos a 1 o 2 kilómetros de distancia. Hacía mucha calor para ir andando por la carretera así que buscando donde girar llegamos a una playa de arena negra con una pequeña laguna delante. El conjunto contrastaba con una preciosa montaña de tonos rojizos que se alzaba al fondo.



A poco más de 1 km están las Salinas de Janubio aunque dimos la vuelta para meternos por unos caminos de tierra entre las zonas volcánicas en un paisaje que nos recordó mucho a algunas zonas que habíamos conocido en nuestro viaje a Islandia y nos sirvieron de aperitivo para el próximo verano en que volveremos allí.



Hicimos un alto en Yaiza, el pueblo de las 1000 palmeras. Aunque no tiene unos atractivos especiales resulta un bonito pueblo pero el intenso calor hizo que no estuviésemos allí mucho tiempo.



Pasamos por el Spar de Macher a recoger nuestra compra y volvimos hacia nuestra casa, en Ye. De camino pasamos por los Jameos del Agua y decidimos parar a curiosear un poco. Allí nos enteramos que hay cuatro puntos de interés en la isla, este mismo, el Mirador del Río, el Parque Natural del Timanfaya y la Cueva de los Verdes. El precio de entrada a cada uno de ellos es de unos 8 €, pero se puede comprar un bono para 3 de ellos por 20 €. Atención al horario porque cierran entre las 5:30 y las 5:45, aunque después te puedes quedar dentro un rato, salvo en el Mirador del Río, como contaremos. Finalmente nos decidimos a entrar y merece la pena. Cierto que está muy montado para el turismo, con cafetería y restaurante incluidos y cuando esté lleno de gente probablemente resulte bastante agobiante pero cuando llegamos, a las 5:30, apenas quedaba nadie y el lugar en sí resulta muy curioso. Es una abertura natural en el terreno de un tubo volcánico, adaptado por César Manrique y abierto al público en 1966. En el conjunto hay también un espectacular auditorio. En el lago interior vive una especie de cangrejo única y endémica, el cangrejo ciego (munidopsis plynmorpha), apenas un centímetro de longitud, albino y ciego.
Nos gustó menos la parte de la piscina con el contraste entre el blanco y azul, que veríamos en varias obras más del artista lanzaroteño.


Estábamos ya muy cerca de nuestra casa y allí nos fuimos pasando por una zona volcánica que nuevamente nos trasladaba al sur de Islandia.


Según íbamos ascendiendo hacia Ye, la niebla iba haciendo acto de presencia y cuando llegamos a nuestra casa comenzaba a llover y de los cerca de 40º que habíamos sufrido por la tarde pasamos a casi tener frío, especialmente porque un despiste nos dejó casi una hora en la calle, descalzos, con ropa de playa, sin llave y con todas nuestras cosas dentro de la casa. Afortunadamente conseguimos localizar a la dueña que acudió con rapidez a rescatarnos... Una barbacoa con pescado y vino de la zona ayudó a terminar un bonito día.


Día 3. Parque Nacional del Timanfaya y cala Famara

De camino hacia el Parque Nacional del Timanfaya hicimos una pequeña parada en el pueblo de Haría, un pueblo con mucho encanto y aunque también tiene sus atractivos turísticos no sufre la vorágine de la zona sur. Hay una pequeño mercado y una tienda de vinos en donde elegimos un Bermejo (10'50 €) para la cena, además de estar muy bueno tiene una botella con un atractivo diseño.Decidimos entrar en el parque desde la zona sur. Hay una pequeña cola pero pronto estamos ya en el interior. En el entorno del centro de recepción hay un restaurante y se montan algunos pequeños espectáculos para turistas (se provoca fuego o vapor de auga que sale con fuerza a modo de un pequeño geiser al dejar caera aulagas o agua en alguno de los huecos que rodean la zona como consecuencia de las altas temperaturas que se alcanzan en su interior). El restaurante usa también alguno de esos huecos a altas temperaturas como grill para preparar algunos de los platos que se sirven allí mismo. El resto de la visita debe hacerse en un autobús que sale continuamente y que hace un recorrido de algo menos de una hora con algunas paradas pero sin permitir la bajada de los visitantes. No es la manera en que nos gustaría visitarlo pero aún así merece la pena la visita. Es toda una lección de vulcanología.



Desde el parque nos fuimos hacia Tinajo y desde allí, buscando el mar, después de pasar La Santa , pueblo famoso por sus gambas pero poco atractivo, seguimos por una bonita carretera que bordea el mar dirección norte hacia la cala Famara. Habíamos leído y oído hablar mucho de esta zona pero la verdad es que nos decepcionó un poco. Los acantilados que rodean la zona son impresionantes pero por las fotos que habíamos visto nos habíamos hecho una idea de la playa quizás demasiado idílica. El pueblo tiene el atractivo de su enclave y la peculiaridad de sus calles de arena. Las tiendas para los amantes del surf son reflejo del fuerte viento y el oleaje que azotan con frecuencia la zona. Hay varios restaurantes con bonitas vistas al mar. Comimos en la terraza de uno de ellos (no recordamos el nombre pero quizás fuese El Risco) una ensalada con productos isleños entre los que destacaban unos riquísimos higos y unas buenas navajas. Seguimos con un arroz con marisco que estaba muy sabroso pero era demasiado abundante por lo que nos prepararon un envase con lo sobrante y esto nos permitió completar la comida del día siguiente (70 €).


El calor seguía apretando así que había que buscar un sitio fresquito y nada mejor que la fundación César Manrique (8€), con sus patios sombreados y sus frescas dependencias. Aquí, en la que fue su casa un tiempo, se puede conocer de primera mano todo el universo de este polifacético artista. Es una casa totalmente integrada en su entorno con algunas dependencias muy imaginativas.




De vuelta a casa teníamos que pasar casi al lado del Mirador del Río y llegamos allí justo a las 5:30. Sabíamos que se cerraba a esa hora pero pensábamos que podríamos entrar y quedarnos un ratito allí pero no, el guarda ni siquiera nos dejó entrar al aparcamiento.




A unos metros de nuestra casa sale un camino que en pocos minutos te lleva a un mirador con unas preciosas vistas de la isla Graciosa. Desde allí se puede bajar a una preciosa playa a los pies de los riscos que llegan hasta Famara, a poco más de 10 km por la costa. Hay una fuerte pendiente para llegar abajo y se necesitan unos 45 minutos para el recorrido. Como era tarde nos conformamos con ver la puesta del sol desde la cima de los acantilados, aunque algunas nubes entorpecieron en parte el espectáculo.




De nuevo, barbacoa con pescado y vino de la isla.


Día 4. Volcán Corona y Mirador del Río

Desde el primer día la perfecta silueta del volcán Corona nos estaba diciendo "ven y sube". Eso fue lo primero que hicimos esta mañana. Desde el pueblo de Ye, a unos 100 m de la iglesia parte un camino que, entre huertas y viñas, permite llegar en poco más de media hora al borde del volcán. 




Un pequeño esfuerzo de 10 minutos más te lleva a la cima. Esta última subida no es especialmente difícil pero sí requiere un mínimo de condiciones físicas. La recompensa son unas vistas extraordinarias tanto de la costa este como de la oeste y de los viñedos del entorno del volcán. La bajada requiere apenas 30 minutos.

Pasamos luego por el mercado de Haría para comprar un cherne, sin duda el mejor de los pescados que probamos, que recogeríamos al volver de Teguise a donde nos dirigíamos ahora. Es un pequeño pueblo, muy bonito, con algunas tiendas de ropa, artesanía y regalos muy atractivas, además de algunas bodegas en donde disfrutar de los vinos de la zona. De una de ellas nos llevamos una botella del vino que nos faltaba, Stratus (15 €), precio un tanto abultado ya que la bodega era también restaurante. Los tres vinos que probamos estaban muy buenos pero quizás nos quedemos con el Bermejo.




La entrada a Haría hace pensar en un pueblo del norte de África.




Después de disfrutar de una estupenda comida con el cherne y el Stratus, de nuevo en la barbacoa, el intenso calor desanimaba a salir de casa y, a pesar de estar a menos de 2 km del Mirador del Río, llegamos apenas 5 minutos antes de cerrar la taquilla. Entramos pensando que dispondríamos de algún tiempo para la visita pero aunque parezca increíble venden entradas hasta las 5:30 y 5 minutos después te están diciendo que tienes que marcharte. De todas formas, las formidables vistas de que se puede disfrutar son las mismas que puedes ver desde el exterior del recinto a pocos metros del mismo o desde los acantilados en que habíamos estado la noche anterior. Y el interior es un restaurante donde los más destacable es la lámpara y la chimenea, como todo el lugar, obra de César Manrique.



Día 5. La Laguna - Sevilla

Teníamos 6 horas de escala en el aeropuerto de Los Rodeos, Tenerife Norte, entre los dos vuelos de vuelta así que decidimos pasar parte del tiempo visitando La Laguna. Nos fuimos en taxi (7 € incluidas 2 maletas) y en apenas 10 minutos estábamos en la ciudad. Es una bonita ciudad de tipo colonial, con casas de colores y balconadas de madera que recuerdan algunas partes de la ciudad de La Habana. Para volver, como teníamos tiempo, cogimos la guagua (2'45 € persona), que sale cada media hora de la estación de autobuses y tarda menos de 20 minutos en llegar. Nos dimos cuenta entonces de que deberíamos haber venido también en bus y así podríamos dejar nuestro equipaje de mano en consigna. Estas cosas casi siempre se aprenden después...


2 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusta...
carmela

Camila dijo...

La verdad que al ver las imágenes de estos paisajes me dan ganas de dejar los departamentos en buenos aires y mi trabajo e ir hacia esos rumbos por unas semanas de vacaciones. Sin embargo voy a tener que esperar hasta fin de año y en ese momento poder viajar